Por un momento

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Sentirme presa. De la Tierra y sus confines de hielo. De su quesera. 

De mi cuerpo. De mi alma. De todos. De ti.

Y querer huir. Correr hasta que no me den las piernas y continuar volando donde la

imaginación me lleve.

Subir al tejado. Allí donde se supone que no debo estar. Y estar.

Rebelde. Con el índice arriba.

Me veo allí con los gatos y los pájaros. Los acaricio, y por un momento me siento como

ellos: LIBRE.

Sólo de mí depende sentir esa libertad. En ello estoy.

Cada día.

Cada hora.

Amanita vernga (el hombre seta)

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Foto extraída de cestaysetas.com

Descripción:

Su sombrero es tipo bombín. No confundir con el de Chaplin, el suyo es más de payaso.

Aunque al principio te pueda seducir su olor herbal, su olor real es a harina húmeda. No te dejes engañar.

Su carne es blanca y fibrosa. Puede parecer apetitosa y comestible, pero es altamente tóxica.

Su aspecto en general lleva a confusión (se puede confundir con un rico champiñón), pero no merece la pena su degustación. Demasiado riesgo habiendo tanta seta en el mercado. El plato podría resultar delicioso, pero la muerte no lo sería tanto.

Guarda tu corazón de él, que no merece de tu sazón.

Y… después de escribir esto me han entrado ganas de setas, pero de las buenas buenas, de las que no hacen daño a la tripa, ni provocan dolor de cabeza ni paros cardíacos. Así que os comparto uno de mis platos favoritos, las croquetas de boletus.

¡Buen día!

El corazón que recuperó la visión

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Su corazón ciego se apuntó a la ONCE y jugaba con sus propios rascas.

Se le gastó la moneda antes de encontrar el premio…

¿O será que no lo vio?

Sigue jugando.

Y cuando POR FIN se cura la ceguera, resulta que la luz hace daño.

Y hace llorar. Pero al menos ve.

Y ya no necesita seguir rascando ni jugando.

Y se busca otro trabajo. Y sonríe. Y se acostumbra a la luz.

Y aunque a veces siga doliendo ahora es todo más de puta madre, porque, joder,

más afligía tropezar una y otra vez.

“La esquina de Bilbao está vacía sin ti”.

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Eso es lo que siempre pienso cuando no le veo ahí. “Esta esquina está vacía sin ti, señor Gardi”. Casi duele verla vacío, y casi me siento ofendida cuando otro ocupa su lugar. Porque esa esquina, para mí, es suya.

El mejor regalo del día siempre es cuando bajas las escaleras del metro y comienzas a escuchar notas de Manolo García, Enrique Urquijo…

Aunque tú no lo sepas
nos decíamos tanto,
con las manos tan llenas,
cada día más flacos.
Inventamos mareas,
tripulábamos barcos
y encendía con besos
el mar de tus labios

(y toda tu escalera… y toda la red de metro, Sr Gardi).

El primer día que lo vi ahí fue el 1 de agosto de 2013. ¿Que cómo recuerdo la fecha? Bueno, digamos que fue un día bastante importante en mi vida y verlo tocar Ganas de ti de Jorge Drexler simplemente fue poner la guinda…

Ven, cura esta pena,
quítame estas ganas de ti.
Ven, que está frío fuera
y hace tanto calor aquí.

Te ví
cruzar la calle
y algo crujió dentro de mí

Ven, que ya se hace tarde
y este tren se está por ir.

Muy señora mía
ten piedad de un simple mortal.
Ven, cura esta herida,
este blues de incierto final.

Tu piel
traerá perfumes,
reflejos de estrella fugáz…

Ven, ya no lo dudes,
no hará falta nada más.

Tan sólo: uuu nosotros dos.

¿Y si en ese momento provocó un crujido que hace que cada vez que paso por esa esquina quiera dejarle notas pintadas en las paredes al más puro estilo Amelie? Ríete, pero siempre lo pensaba. Por eso fue mi amor platónico durante años.

En todo este tiempo nos hemos saludado varias veces. Incluso un día tomamos café. La última vez que lo vi fue el 24 de marzo de 2017. Cuando me despedí no quise mirar atrás por si él no miraba de vuelta.

Hay que joderse con los amores platónicos… Juzgad vosotros mismos. Os dejo con él.

La calle que todo lo vio.

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La calle de los bolardos. La que está junto al mitiquísimo Café de Ruiz (donde tantas infusiones bebí) y la plaza dos de mayo (que me vio lucir mis faldas cortas).

La calle Galería de Robles, en mi Malasaña, donde viví cuatro años. La calle que me vio crecer. La calle que me veía cada mañana a las siete salir de casa rumbo al hospital. La calle en la que me recogió un taxi el 9 de febrero de 2014 para entrar en la casa de MasterChef y me depositó de vuelta la madrugada del 29 de marzo de ese mismo año (y qué sensación brutal de libertad aquella noche, que además pasé con él). Una de las calles más bonitas de Madrid. Una calle que huele a lápiz (no me preguntéis por qué, pero no es por el bolardo staedtler).

El número 5, mi antiguo portal. “Asegurada de incendios” decía el cartel, aunque alguno que otro provoqué. Donde algunos me besaron y otros tantos quisieron hacerlo. Donde muy pocos volaron hasta el tejado donde estaban los gatos más perdidos de Madrid. De esos, alguno acaricié hasta terminar rasguñada. Menos mal que nunca he sido de alcohol y me curaba con agua y jabón, que así dolía menos y salía más limpia.

De allí me fui en junio de 2016.

Hasta hoy he seguido recuperando todas las partes de mí que se quedaron allí.

He tardado, pero por fin las tengo todas conmigo.

Personulidad múltiple.

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La atormentada y la que está bien así. La víctima y la verdugo. La que quiere que la quieran y la que los rechaza a todos. La healthy y la que sobrevive a base de galletas de chocolate. La que adora su trabajo y la que lo odia. La pacífica y la violenta. La que se ama y la que se odia. La mojigata y la puta. La que es una yonki del café y la que prefiere el té verde por los polifenoles. La consciente y la inconsciente. La que quiere tener pareja y la que quiere vivir en soledad. La fresita y la hater. La que lo ve todo de color de rosa y la gótica. La que ama la vida y la que se quiere morir ya. La miedosa y la temeraria. La que calla y la que grita. La incomprendida y la valorada. La que lo analiza todo y la que no se entiende ni ella. La hallada y la perdida. La crudívora y la almidonívora. La ahorradora y la despilfarradora. La que se siente sola y la que siempre está con gente (a veces, le pasan las dos cosas al mismo tiempo). La que quiere compromiso y a la que le da urticaria. La andaluza y la madrileña. La que no sabe lo que quiere y la que lo tiene clarísimo. La cuadriculada y la de mente abierta. La paciente y la impaciente. La que no entiende nada y la que lo comprende todo. La compasiva y la intransigente. La romántica empedernida y la arisca. La flojucha y la que puede con todo lo que le pongan por delante. La princesa Disney y la bruja mala. La que no soporta esperar, y la que espera toda una vida. La mansa y la fiera. La que pone mil pegas y la que lo pasa todo por alto. La que escucha canciones cuquis y la que escucha canciones para coger depresión y no soltarla. La que está a tope de power y la que no puede con la vida. La incapaz de nada y la capaz de todo. La consejera psicóloga y la que no responde a los mensajes. La ecologista empedernida y la que no separa la basura. La amante, amiga y compañera y la que te bloquea en todas las redes sociales. La normal y la rara. La que quiere un whiskey solo y la que se pide un agua con limón. La que tiene todos esos personajes que “la protegen”.

 

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La que se quita (o le quitan) la venda. La que ve a todos esos personajes y los pone en el paredón antes de acabar con ellos definitivamente.

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La que queda. La que es cada día más libre. La que es.

De todo lo malo… y lo bueno.

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Hace poco más de un año que nos dimos el match y

quiero que sepas que no me he vuelto a reír como contigo.

Y no he vuelto a suspirar como por ti.

Porque aunque lo malo fue muy malo,

lo bueno fue muy bueno.

Entre el blanco y el negro hay toda una escala de grises que también te pertenece,

Y, aunque nuestros personajes se empeñen en ocultárnosla, al final se muestra y se ve la realidad.

Gracias por enseñarme todos tus grises, porque con ellos he creado mi propia paleta,

llena de colores.

Gracias a que me mostraste todo lo que ya no quiero más en un hombre, pude ver todo  lo que sí quiero.

Bonita contradicción. La nuestra.

 

Mi opinión sobre La Bella y la Bestia.

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Quienes me sigáis por Instagram Stories habréis visto que salí bastante descolocada del cine tras ver la nueva película de La Bella y la Bestia. La vi por primera vez cuando tenía cinco años, y me encantó. Me sabía las canciones de memoria, sobretodo la primera de todas con la que me sentía identificada.

Una muchacha de lo más extraño
siempre en las nubes se la ve
diferente a las demás
ella baila a su compás
otra igual no existe en la región

Vaya tela, la programación que nos meten… El caso es que al verla de nuevo a los treinta años la película me pareció lo peor. En la primera escena, aparece Bella diciendo que se quiere largar de la aldea porque todos los días son iguales, siempre es la misma gente, incluso los libros de la biblioteca son siempre los mismos, en resumen, quiere encontrar una vía de escape cuanto antes. Por cierto, en la nueva versión ni siquiera hay biblioteca en la aldea, sino unos diez libros que tiene el cura del pueblo guardados en la capilla, no sea que la niña nos lea las Cincuenta sombras se Grey y se nos pervierta. Por otra parte, la Bestia ahí anda en su castillo, bien solita y resignada. Todos nos sabemos ya el cuento, así que pasaré a la parte en la que ya está Bella en el castillo de la Bestia porque se ha intercambiado con su padre para que éste sea libre (claro, anda que no es lista, si ella tampoco era libre en la aldea y se quería pirar, al menos en el castillo puede tener algo más de vidilla con los muebles que le hablan). El caso es que, mira tú por dónde, a Bella le empieza a hacer tilín la Bestia cuando le enseña la pedazo de librería que tiene en el castillo. Y la Bestia se empieza a comportar de manera más amable con ella cuando el candelabro, el reloj, la tetera y el plumero le comen la cabeza con que a lo mejor ella es la que viene a romper el hechizo y liberarlos a todos. Toma ya. Matrimoniada de conveniencia en tres, dos, uno… A la antigua usanza, claro que sí.

Antes, la gente se conocía por la calle, entre los del pueblo, o los del barrio, y se elegían entre los que había en la pandilla. Miraban que cuadraran más o menos sus intereses y que hubiera más o menos atracción, y si no la había, pues ya iría surgiendo el amor, porque había que apremiarse para conseguir un trabajo fijo, una casa y tener churumbeles (bueno, esto aún hay gente que piensa que tiene que ser así).

Pero me gustaría a mí ver esta historia en el siglo XXI. Con la Bestia mirando Tinder, dándole a todas para la derecha para ver cuál cuela, le hace match, y le salva de la maldición. Y a Bella con una solicitud de amistad pendiente por Facebook de la Bestia, sin responder porque “con todas las opciones que hay en el mercado no me voy a quedar con el peluche este”, ¿verdad o mentira?

Con esto no digo yo que realmente la Bella y la Bestia no se lleguen a querer, pero a mí  me gustaría saber cómo continúa este cuento (y el resto de cuentos de Disney). Si después del beso el príncipe no recula porque le asusta el compromiso, o si después de “limpiar el polvo” no venden los muebles y cada uno pa´su casa.

Y también me gustaría saber cómo es su convivencia, el reparto de tareas domésticas (o si son los pajaritos quienes lo limpian todo con un trapito en el pico mientras silban una bella melodía). Cómo hacen la compra, quién paga cada cosa, si se van de viaje juntos y a dónde, si roncan, si sus suegros son buena gente, cómo gestionan su mierda emocional… cómo resuelven sus problemas. Pero esto no sale en las películas. Y seguirá sin salir mientras nos sigamos sintiendo identificados con personajes Disney. Con Bestias “castigadas” con una mala apariencia física, que en vez de salvarse a sí mismas necesitan que otro les salve. Con princesas perfectas (que cocinan, y son guapas e inteligentes), que igualmente, esperan pasivas a que otro les rescate y les solucione la vida. Con malos malísimos que, si mueren, es porque se caen por un barranco, pero no porque uno se plante delante con un par y les de su merecido… en fin.

Bajo mi apariencia de princesita de Disney, puedo decir que al fin me he desvinculado de todos estos cuentos. A partir de ahora soy yo la que escribe mi vida, sin programaciones.

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¿Y tú? ¿eres el creador de tu propia vida? ¿o dejas que otros lo hagan por ti? ¿quién pilota tu vida? ¿eres tú o acaso un personaje, una máscara, una programación?

Espero que te haya gustado mi primera reseña 🙂 si es así, no dudes en compartirla con quien creas que le pueda gustar. Yo seguiré escribiendo por aquí las cosas que se me vayan ocurriendo, que pueden ser, como en este caso una opinión de una película, o un poema, o un relato corto o lo que vaya sintiendo. Si no te quieres perder ni una, suscríbete.

¡Buen día!